Mostrando entradas con la etiqueta decepción. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta decepción. Mostrar todas las entradas

sábado, 7 de febrero de 2015

Quiero irme lejos

Siempre he tenido que aprender a hacer mis cosas sola. A contar conmigo y nadie más, porque todos siempre fallan. Siempre mienten.

Odio al mundo. Odio a mis padres y a mi hermano, hasta a mi mejor amiga. Los odio a todos.  Solo me usan. Cada vez que tengo un sueño o proyecto nuevo se burlan, nunca me apoyan. Nunca están ahí para mí.

Tres personas conducen en mi casa y tuve que buscar a alguien de fuera que me enseñara, porque NADIE SE MOLESTÓ EN HACERLO. Mi ropa en una maleta y mis zapatos en una esquina; ya ni siquiera tengo habitación. He pasado las de Caín por no tener una computadora, y ahora a mi hermano le van a comprar otro celular. Estoy como sobrando aquí…

Mami es una incompetente que se deja manipular y no acepta que aprendí a conducir sin esfuerzo y mucho mejor que ella. Papi es un cero a la izquierda, se ha desentendido de todo en casa porque cree que ya somos grandes. Mi hermano es un egoísta que solo quiere darse lujos; le importa un pepino joder a otros si él está bien.

Y a veces quisiera escaparme de aquí, irme lejos, empezar de nuevo, cambiar hasta de familia. Porque no entiendo porqué siempre todo tiene que ser tan difícil. No es justo. Cada vez que quiero dar un paso vienen a quemar mis pies. Cortan mis alas. Es horrible tener una familia disfuncional. Y si no puedo contar con mi familia, ¿entonces con quién contaré en la vida?

Quiero un perrito. Un animalito al que pueda abrazar y que esté ahí para mí cuando nadie más lo esté. Después de todo no hay nadie más fiel. Los perritos nunca fallan.



domingo, 3 de febrero de 2013

아파

Enojo: Una palabra, cinco letras, una sensación, miles de formas de manifestarla. Amargura, pique, gritos, lágrimas, impotencia, dolor, mutismo, tristeza, ira, desgano, miedo, angustia… solo por mencionar algunas pocas. 

              Lo peor es cuando no lo puedes ni describir, cuando no tienes fuerzas ni para estar de pie, que te caes al suelo a orar y a llorar, a rogarle a Dios que si existe y te escucha que te diga algo porque estás perdida y no sabes que hacer. Se burlan de mí, de mis sueños, de mi carrera, de mi tiempo, de todo lo que para mí es importante. ¿Quien se supone que va a creer en ti cuando tu propia familia no lo hace? ¿Que esperanzas tengo? ¿En verdad es esto lo que tengo? ¡Mejor no tuviera nada! Destruyen mi autoestima. Cada segundo se hace más y más chica. And I hate that I love them so...

Depresión, otra de las palabras de la noche. Puede durar una semana, unos días, unas horas, unos años, un mes…; todo dependiendo de tu actitud y los motivos.

Ese momento en que ya no quieres hacer nada, que ya todo te da igual, que no estás en tus cabales, tu cerebro está averiado, no puedes pensar con claridad. Lo único que puedes hacer es llorar y lamentarte, desahogarte con tu perro que es el único que a pesar de todo te quiere o con tu suave almohada que es la experta en comprender el inefable idioma de las lágrimas.

Paciencia. Solo unos segundos más. Comienzas a pensar que todo está perdido, ya aquellos con quien contabas te fallaron, no sabes que hacer, no sabes a quien recurrir. No estás lúcido, solo te mueves como mecánicamente, para no colapsar.  Tanto has llorado que has perdido la voz. Sentido común, ¿qué es eso? Publicas miles de estados en Facebook y Twitter como si fuera a servir de algo, pero no mejora nada.

Ya no hay amigos, no hay familia, ¡no hay nada! Tu habitación se vuelve cada vez más pequeña. Odias a todo el mundo, hasta a la tierra y a las plantas, a todo lo que gira alrededor del sol, todo lo conocido y por conocer, odias todo, todos tienen la culpa, ¡todos! Porque no estuvieron allí, porque te fallaron, te prometieron y no cumplieron, te dejaron esperando durante horas como una tonta, jugaron contigo, te aplastaron en el suelo y luego te pisaron y te golpearon hasta más no poder, hasta dejarte en una habitación fría y obscura como la celda en la que encarcelaron a Edmundo en el Castillo de If, o quizás peor, porque ésta vez fue tu propia familia. Nunca lo había entendido tanto como hasta ahora.

Se te cae el mundo encima, estás harta, vas a explotar, escribes a una velocidad de mil por hora, bueno quizás no tanto, pero sientes como si fuera así. Necesitas desahogarte, necesitas respirar. Eso es lo que pasa.

Tomaré un descanso y me iré a dormir por unas horas, a ver si cuando despierte puedo imaginar que no dolió tanto y estoy bien. Yahvé jireh, as always.

Gracias por leer.